En un mundo marcado por profundas divisiones, conflictos y crisis espirituales, sentí la necesidad de proponer un camino integrador que nos reconecte con nuestra esencia más pura. El Amorismo no pretende ser una nueva religión ni imponer un nuevo dogma; es un tronco común para todas las religiones porque Dios es amor y nosotros estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; el amor es la práctica de todos los valores y estos se deben practicar en la educación. Los valores forman y conforman las relaciones familiares, profe- sionales y sociales.